La importancia de la familia en el tratamiento de adicciones

Por Ps. Daniela Leyton P.

No hay duda de que el ser humano es un ser social y que establece una relación dialéctica con su contexto. Muestra de ello es la afectación que todos hemos experimentado ante la restricción del contacto con otros durante la pandemia causada por el SARS-CoV-2. En este sentido, es esperable que aquellos que comparten más habitualmente con nosotros ejerzan una influencia mayor en nuestra vida, tal como nosotros impactamos en la de ellos. Este influjo se vuelve aún más gravitante cuando consideramos el grupo de aquellos que se encargan de cuidarse entre sí, conviviendo cotidianamente; la familia.

Es por lo anterior que cuando un integrante de la familia presenta una conducta problemática, tanto su génesis como su resolución deben ser vistas desde una perspectiva sistémica, donde el comportamiento de cada uno de los sujetos influirá en la evolución de la misma, forzando a que el grupo se reorganice en post de retornar al equilibrio que les permite sentirse seguros. La terapia psicológica no escapa a este fenómeno y aunque el paciente que manifiesta la sintomatología sea el participante principal del tratamiento, la familia incidirá en los tiempos, el alcance y los logros que se puedan conseguir por medio del mismo, por sobre todo en el caso de quienes dependen de otros; como los niños y adolescentes.

Llevando esta idea al terreno de la terapia con adolescentes con consumo problemático o dependencia a sustancias, el rol de los cuidadores se vuelve fundamental en más de un aspecto. Por una parte, favorecer la disposición al cambio del paciente, esto es; la aceptación de que existe un problema y que es necesario cambiar la conducta en el corto plazo, requiere en la mayoría de los casos de que los adultos dialoguen en torno a los riesgos y consecuencias que el hábito de consumo está provocando, no sólo al paciente sino también a la familia, así como ser capaces de poner límites y establecer sanciones cuando no se respeten. Pero a su vez, tendrán el desafío de mantenerse incondicionales a pesar de las dificultades, aprendiendo sobre el fenómeno de la adicción y sus complejidades, así como de la necesidad del adolescente de individualizarse por medio de brindarle espacio y comprender la importancia de la validación de su grupo de pares.

Esta tarea titánica resultará más llevadera en la medida en que los propios cuidadores se dispongan a confiar en el tratamiento, así como a implicarse en el proceso terapéutico, que inevitablemente, si es eficiente, los transformará a todos.